domingo, 15 de mayo de 2016

Ardiendo la vida

Se fumaba la vida en caladas de despedida,
huía de los recodos que imponían las calles vacías,
caminaba con la solapa subida y la cabeza gacha,
despreciaba las sonrisas y las dulces miradas.
Quemaba su vida a cada paso; lento, cansino, desbaratado…
ahuyentaba los sabores de besos perdidos en el remanso de un río turbio
y mientras serpenteaba por los senderos de lo desconocido,
descubrió que solo el humo era su compañero.

7 comentarios:

Cayetano Gea dijo...

A veces es la única compañía para muchos solitarios.
Un abrazo, Arantza.

TORO SALVAJE dijo...

En mi caso ni el humo ya...

Besos.

María Socorro Luis dijo...


Buen poema, Arantza. Perfecta radiografía de un hombre solitario y ensimismado.Delicadeza y ritmo.

Un abrazo

virgi dijo...

Cuando el humo se aclare, verá que la vida le ofrece otras cosas.
Seguro.
Un fuerte abrazo.

Karu dijo...

Suena triste, pero con mucho sentimiento. Me quedo leyendote. Seguime así estamos en contacto, besotes!

MuCha dijo...

tu intensidad me emociona
un brindis por vos poeta

LA ZARZAMORA dijo...

Es desoladamente bello, como una de esas caladas que nos da la vida, y luego nos crea una adicción hasta fundirnos en ella... y disiparnos en su humareda.

Besos, mi Gran Dama del Norte ;)