viernes, 13 de julio de 2018

En tus manos (Deshojando amapolas)

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Puedo ser la luz de la mañana
o una sombra posada en la almohada,
herramienta que solícita aturde la presencia de una mariposa
o tal vez…
el vehículo que sigiloso recorre el camino hasta tu alma.
Puedo ser manantial que apaga la sed de tu desdicha
o el pozo seco y oscuro donde muere tu inocencia.
En tus manos…
puedo congelar el calor de tus caricias
y abrasar el hielo que destella tu mirada.
Puedo ser la vida, el llanto, la sonrisa o la nada,
trozo de cristal roto en pedazos,
pieza de ese puzzle que nunca encaja.
Hacedora de palabras en una novela fantasma
o melodía disonante en una trama inacabada,
agua desbordada entre los dedos
y tierra albergada en la garganta

sábado, 9 de junio de 2018

De qué


De qué sirven ambiciones, promesas o traiciones
si solo arrastran sentimientos al precipicio
dejando nuestro corazón vacío
apuntalado en el tablón del desamparo.
De qué sirven las lágrimas,
de qué tantas angustias y pesares
si al final la parca se lo lleva todo
y en un rincón llorará el baúl del olvido.
De qué sirven las palabras en oídos sordos
si chocan contra el muro del silencio
ciñendo el sonido en un abrazo desierto.
De qué tu mirada y la mía,
de qué la sonrisa y la mueca,
de qué el ánimo agrietado,
de qué este amor truncado.

sábado, 10 de marzo de 2018

En la trampa



¿Dónde está la melodía de tu risa,
la luz de tu mirada que hoy es niebla.
Dónde, la armonía de tu voz
que competía con la música de una milonga.
Tu voluntad de jade e identidad inquebrantable?
¿Acaso este mundo infernal, caprichoso e irreal,
atormenta y lastima tu lucero de cristal?
Y el jardín de tu alegría, abandonado en su plenitud
al desamparo y al motín, sin adarga de misericordia…
Acaso, no será tu peor pesadilla?
Recluida en tu interior, esclava de tu dolor,
con la pena que estrangula y atenaza el corazón.
Pregúntale al cometa,
cuando cae la nieve, o cuando el sol aprieta.
Si al cerrar los barrotes que impiden tu rescate,
no te ahogaste en la espesura de las dudas,
olvidando que la ternura facilita la singladura.
Y abrazando la simpleza de la espera,
eludiste la luciérnaga que tu memoria fantasea.
¿Acaso no observas la huella de tu estampa
convertida hoy en viruta, aislada en una burbuja,
como presa en una trampa siniestra?