viernes, 2 de enero de 2026

Arrebato

Viaja con el viento
y el silencio es su compañero,
la oscuridad del olvido mutiló sus delirios
y el infinito se encaprichó de sus deseos
desterrando con desprecio el buen criterio.

Loca, la llaman loca
y se mira en el espejo y danza sin cesar
en una rueda espectral,
absurda marioneta sin cuerda
sin fuerza para levantar la cabeza.

Mira de frente, rastrea las dudas
escarba en los sueños
y recupera un mañana propicio
con el aliento embaucador del alba
que se despereza en los brazos del futuro.

Destino escrito con letras de humo
palabras lanzadas en una diana sin blanco
pintado en una pizarra de vergüenza
porque la llaman loca, y se mira al espejo,
y sigue bailando, hasta caer al suelo.

14 comentarios:

Cayetano dijo...

La llaman loca porque baila con el viento. Bonito poema.
Un abrazo y feliz año.

Arantza G. dijo...

Muchas gracias, Cayetano. Feliz 2026. Un abrazo

TORO SALVAJE dijo...

Viendo cómo son los cuerdos casi que prefiero la locura.

Besos.

Arantza G. dijo...

Bienvenido al grupo. Besos

Maripaz dijo...

Magnífico poema, Arantza, para comenzar el año.
Me fascinan las locas que se atreven a ser ellas mismas saltándose lo establecido. También yo suelo bailar con el viento de vez en cuando.
Un abrazo inmenso.

Arantza G. dijo...

Gracias, Maripaz. Bailemos, pues. Un abrazo grande

Sara O. Durán dijo...

Una loca que ya quisieran los cuerdos ser un pequeño porcentaje de auténticos y felices como ella. Muy hermoso poema. Estremecedor.
Te vi con toro salvaje y tú comentario me trajo a tu sitio. Donde me quedaré si lo permites.
Besos.

Arantza G. dijo...

Sara, eres bienvenida. Gracias por tu visita. Besos

Conchi dijo...

Bendita locura danzar con el viento. Precioso Arantza.

Abrazos.

Arantza G. dijo...

Muchas gracias, Conchi. Un abrazo bien grande

SÓLO EL AMOR ES REAL dijo...

Que lindo bailar con el viento

Paz

Isaac

Joselu dijo...

Este poema traza un retrato conmovedor y ambiguo de una bailarina —figura arquetípica del arte y la vulnerabilidad— que sostiene su identidad a través del movimiento, incluso cuando el mundo la juzga o la margina.

El poema se abre con imágenes de aire y silencio: “Viaja con el viento / y el silencio es su compañero”. Esta alusión a la ligereza indica tanto libertad como soledad. Ella no se apoya en la palabra ni en el ruido exterior; su danza es un diálogo interior. Sin embargo, enseguida aparece la sombra: “la oscuridad del olvido mutiló sus delirios”. Hay una biografía detrás de esos versos, quizá de alguien que fue olvidada o incomprendida, y que ha debido reinventarse en la niebla del tiempo.

La repetición de “Loca, la llaman loca” coloca el poema en una tradición que va de las místicas medievales a las artistas malditas. “Loca” aquí no es diagnóstico, sino etiqueta social: la locura como sinónimo de diferencia, de exceso de pasión. En el espejo, la bailarina ve el reflejo de lo que los demás no comprenden, pero responde con su danza, un gesto que desafía y libera.

Cuando el poema dice “absurda marioneta sin cuerda / sin fuerza para levantar la cabeza”, asistimos al derrumbe del cuerpo, a la fatiga de quien crea contra la incomprensión. Y, sin embargo, la voz poética —quizá externa, quizá interior— introduce una forma de redención: “recupera un mañana propicio / con el aliento embaucador del alba”. La bailarina resurge en cada amanecer, alimentada por el deseo de seguir danzando, aunque el destino parezca “escrito con letras de humo”.

La última imagen —“porque la llaman loca, y se mira al espejo, / y sigue bailando, hasta caer al suelo”— condensa la esencia trágica y hermosa del arte: la persistencia en el gesto creador incluso ante la caída. La danza, símbolo de identidad y de resistencia, se vuelve su última palabra frente al juicio del mundo.

Saludos, Arantza.

Arantza G. dijo...

Muchas gracias por la reseña. Un abrazo

Arantza G. dijo...

Un compañero de baile que te proporciona alas. Un abrazo