Había pasillos blancos que olían a tiempo detenido,
sillas donde la espera pesaba más que el cuerpo
y nombres pronunciados
como si fueran pequeñas sentencias.
Aprendí el sonido de las máquinas
la geografía exacta del miedo
y la forma en que una mirada médica
puede abrir un abismo o cerrarlo al instante.
Me volví pregunta.
Cada análisis era una puerta entreabierta
cada noche una negociación silenciosa
con el cansancio, con la incertidumbre,
con ese pensamiento oscuro
que aparece cuando todo calla.
Y aun así, seguía amaneciendo;
había una mano, una voz,
un mensaje sencillo preguntando
¿cómo estás?
y en esas cosas aparentemente simples
se sostenía el mundo.
Descubrí entonces
que la fragilidad no es romperse
sino seguir respirando mientras todo tiembla.
Ahora miro esos días
como quien observa una tormenta desde la orilla
después de un naufragio: empapada, cansada, pero viva.
Y quizá más consciente
que existe una pequeña luz
que brilla en el cuerpo
cuando decide no rendirse.


16 comentarios:
Qué forma tan bella y tan dolorosamente real de retratar la ingrata geografía de un hospital. Mientras te leía, me sentí parte profunda de tu poema, viviéndolo casi como una experiencia propia pero, mayormente, desde el otro lado del espejo. Yo soy de los que habitan esos pasillos blancos (a veces son de enormes edificios y otras de pequeñas casas encaladas) para intentar ayudarte a que sigas amaneciendo; he sido de los que te han dado la mano, y te han tranquilizado con la voz y te han dejado aquel mensaje tan sencillo para preguntarte "¿cómo estás?". Y por eso he entendido tanto tu dolor, y lo he hecho mío... y tus dudas, y tus miedos, y tu impotencia...
No sabes cómo me ha emocionado tu texto. Y ver aquellos días difíciles transformados hoy en una poesía tan luminosa, mirando la tormenta desde la orilla, es un regalo inmenso. Para los dos.
Un Abrazo!!
Gracias. Muchas gracias 🙏. Un abrazo
Que no vengan más tormentas como esa.
Que sigas feliz en la orilla y sin peligro alguno.
Me ha encantado tu poema, Arantza. Intenso de los que llegan muy hondo. Somos tan frágiles en algunos momentos, pero es tan grande la esperanza para seguir latiendo, y sobre todo, con personas que te animan, y te apoyan. Eso es lo más grande, la energía para seguir, al final somos fortaleza.
Un abrazo.
Es horrible la incertidumbre y la soledad de las salas de espera, donde las horas lentas pesan como una losa.
Un abrazo.
No discurre igual el tiempo en todas partes. En las salas de espera se alarga interminablemente como pasillos nocturnos que no llevan a ninguna parte.
Nuevo abrazo.
Parece que el blog me da problemas. Desapareció milagrosamente un comentario anterior.
Que no vengan pero si llegan, afrontarlas con energía. Besos
Hay un refrán que dice : al mal tiempo, buena cara. Hay que tener ánimo para lo bueno y para lo malo. Besos, María
Las salas de espera convierten un minuto en una eternidad. Un abrazo
El comentario estaba. Abrazo doble
Te entiendo muy bien Arantza, has plasmado una realidad cotidiana que conozco bien.
Abrazos.
Tristemente todos o casi hemos vivido una experiencia de ese tipo. Y si no, lo vivirán. Aunque suene a topicazo, es ley de vida. Besos y un gran abrazo
Magnífico, Arantza.
Gracias
Arantza, descubro ahora tu poema, no se actualizó en mi lista de blogs...Realmente impresionante tu experiencia en el hospital, donde parece que todo va a acabar y sigue amaneciendo...Todo tiene un sentido y nada es en vano...Te felicito por tu aguante y fortaleza...y ahora tu temple al escribirlo, amiga poeta.
Mi abrazo entrañable y felices días de otoño.
Gracias, Mª Jesús. Como el Ave Fénix 🐦🔥 hay que resurgir, no podemos ni debemos hundirnos. Este poema ha sido una de las terapias.
Besos y un gran abrazo
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