sábado, 10 de octubre de 2026

Incertidumbre

Había pasillos blancos que olían a tiempo detenido, 

sillas donde la espera pesaba más que el cuerpo

y nombres pronunciados 

como si fueran pequeñas sentencias. 

Aprendí el sonido de las máquinas

la geografía exacta del miedo

y la forma en que una mirada médica

puede abrir un abismo o cerrarlo al instante.

Me volví pregunta.

Cada análisis era una puerta entreabierta

cada noche una negociación silenciosa

con el cansancio, con la incertidumbre,

con ese pensamiento oscuro

que aparece cuando todo calla. 

Y aun así, seguía amaneciendo;

había una mano, una voz,

un mensaje sencillo preguntando

¿cómo estás?

y en esas cosas aparentemente simples

se sostenía el mundo.

Descubrí entonces

que la fragilidad no es romperse

sino seguir respirando mientras todo tiembla.

Ahora miro esos días

como quien observa una tormenta desde la orilla 

después de un naufragio: empapada, cansada, pero viva.

Y quizá más consciente

que existe una pequeña luz

que brilla en el cuerpo

cuando decide no rendirse.

16 comentarios:

Onminayas dijo...

Qué forma tan bella y tan dolorosamente real de retratar la ingrata geografía de un hospital. Mientras te leía, me sentí parte profunda de tu poema, viviéndolo casi como una experiencia propia pero, mayormente, desde el otro lado del espejo. Yo soy de los que habitan esos pasillos blancos (a veces son de enormes edificios y otras de pequeñas casas encaladas) para intentar ayudarte a que sigas amaneciendo; he sido de los que te han dado la mano, y te han tranquilizado con la voz y te han dejado aquel mensaje tan sencillo para preguntarte "¿cómo estás?". Y por eso he entendido tanto tu dolor, y lo he hecho mío... y tus dudas, y tus miedos, y tu impotencia...

No sabes cómo me ha emocionado tu texto. Y ver aquellos días difíciles transformados hoy en una poesía tan luminosa, mirando la tormenta desde la orilla, es un regalo inmenso. Para los dos.

Un Abrazo!!

Arantza G. dijo...

Gracias. Muchas gracias 🙏. Un abrazo

TORO SALVAJE dijo...

Que no vengan más tormentas como esa.
Que sigas feliz en la orilla y sin peligro alguno.

María dijo...

Me ha encantado tu poema, Arantza. Intenso de los que llegan muy hondo. Somos tan frágiles en algunos momentos, pero es tan grande la esperanza para seguir latiendo, y sobre todo, con personas que te animan, y te apoyan. Eso es lo más grande, la energía para seguir, al final somos fortaleza.

Un abrazo.

Cayetano dijo...

Es horrible la incertidumbre y la soledad de las salas de espera, donde las horas lentas pesan como una losa.
Un abrazo.

Cayetano dijo...

No discurre igual el tiempo en todas partes. En las salas de espera se alarga interminablemente como pasillos nocturnos que no llevan a ninguna parte.
Nuevo abrazo.
Parece que el blog me da problemas. Desapareció milagrosamente un comentario anterior.

Arantza G. dijo...

Que no vengan pero si llegan, afrontarlas con energía. Besos

Arantza G. dijo...

Hay un refrán que dice : al mal tiempo, buena cara. Hay que tener ánimo para lo bueno y para lo malo. Besos, María

Arantza G. dijo...

Las salas de espera convierten un minuto en una eternidad. Un abrazo

Arantza G. dijo...

El comentario estaba. Abrazo doble

Conchi dijo...

Te entiendo muy bien Arantza, has plasmado una realidad cotidiana que conozco bien.

Abrazos.

Arantza G. dijo...

Tristemente todos o casi hemos vivido una experiencia de ese tipo. Y si no, lo vivirán. Aunque suene a topicazo, es ley de vida. Besos y un gran abrazo

Anónimo dijo...

Magnífico, Arantza.

Arantza G. dijo...

Gracias

Mª Jesús Muñoz dijo...

Arantza, descubro ahora tu poema, no se actualizó en mi lista de blogs...Realmente impresionante tu experiencia en el hospital, donde parece que todo va a acabar y sigue amaneciendo...Todo tiene un sentido y nada es en vano...Te felicito por tu aguante y fortaleza...y ahora tu temple al escribirlo, amiga poeta.
Mi abrazo entrañable y felices días de otoño.

Arantza G. dijo...

Gracias, Mª Jesús. Como el Ave Fénix 🐦‍🔥 hay que resurgir, no podemos ni debemos hundirnos. Este poema ha sido una de las terapias.
Besos y un gran abrazo